“El liderazgo docente después de una pandemia #1: Haciendo balance”, por Ben Owens.

“Con el cierre de los establecimientos educativos, vemos que el conocimiento encontrará una forma de fluir, aunque las vías tradicionales estén bloqueadas”. -- Grant Lichtman --

Esta cita es de un reciente artículo en el cual se destaca que el concepto de flujo, una fuerza universal en la naturaleza, también puede aplicarse al conocimiento y a la información, sobre todo en medio de una pandemia mundial. Cuando el coronavirus provocó el cierre de las escuelas de todo el mundo, el flujo de conocimientos no solo no se detuvo, sino que se aceleró. Como el agua que fluye por las fisuras de una roca, los actores de la educación están encontrando nuevas maneras de conectarse y de compartir la información que necesitan, y, en muchos casos, los docentes son quienes encabezan esta labor, abriendo nuevas vías de conexión con los estudiantes, las familias y los compañeros.

A diferencia de cualquier otra iniciativa de reforma, esta crisis ha sido capaz de crear un nivel sin precedentes de voluntad pública de cambio. Los padres y los cuidadores han visto en la mesa de su cocina, de una manera que antes podrían haber dado por sentado, los artefactos de un modelo arcaico de escuela. Como consecuencia, reclaman que cambiemos de un concepto artificial de educación a algo que resulte más relevante y esté más en consonancia con el futuro del aprendizaje y con el futuro del trabajo.

La buena noticia es que innumerables docentes están dando un paso adelante para aprovechar el flujo de conocimientos resultante de la crisis y, en este sentido, están encabezando una verdadera transformación de la educación. En lugar de esperar direcciones o respuestas por parte de las instituciones tradicionales y jerárquicas que han controlado el diálogo durante demasiado tiempo, estos líderes docentes están participando activamente en el intercambio y la colaboración con homólogos de todo el planeta, acelerando más que nunca el ritmo del cambio. El liderazgo docente se está acelerando. Y este genio no va a regresar a la botella.

A pesar de lo terrible de la crisis actual, la conectividad radical y el libre intercambio de ideas, conocimientos y recursos que se ha derivado de ella me transmiten optimismo. Puede que estemos llegando al tan ansiado punto de inflexión para transformar por fin nuestros sistemas educativos de un modelo cerrado e industrializado a un modelo más ágil y con mayor capacidad de respuesta para nuestros estudiantes y sociedades. El hecho de que tantos docentes estén tomando la iniciativa para encontrar formas de establecer conexiones y redes que tal vez nunca se hubieran planteado en el pasado está generando un nivel de colaboración comunitaria sin precedentes. Esta colaboración les está permitiendo percibir el valor intrínseco del intercambio abierto de información y les está empoderando para liderar un cambio localizado y centrado en los estudiantes.

Líderes docentes como Shannon, una profesora de secundaria en Raleigh, Carolina del Norte, que está trabajando con un colega para crear un seminario en línea de Design for Change para estudiantes, bajo la etiqueta #DoGoodFromHome. Líderes comoTellania, una profesora de matemáticas de secundaria de Oklahoma, que ha creado y compartido un proyecto virtual para que los estudiantes aprovechen los datos del censo de EE. UU. Y líderes como Chris, profesional de la educación e instructor, que ha estado trabajando en asociación con la Cincinnati Public Schools (Ohio) para proporcionar contenidos a distancia a estudiantes por medio de la serie de vídeos Science Around Cincy, que no solo está en línea, sino que se emite por televisión a través de proveedores locales, reduciendo así los obstáculos de acceso para los hogares que carecen de Internet.

En nuestro documento normativo señalamos algunos (de los innumerables) ejemplos de docentes que no esperan a que se les diga que innoven. Mostramos a líderes docentes que colaboran, comparten y remezclan ideas para que más estudiantes puedan experimentar el tipo de educación atractiva y relevante que sabemos que todo joven merece. Y, a medida que un mayor número de docentes deciden mostrar este tipo de liderazgo auténtico, nuestras instituciones de tradición académica se ven obligadas a tomar una decisión crítica: o bien adoptamos este tipo de innovación comunitaria y de liderazgo colectivo o nos enfrentamos a la brutal realidad de la irrelevancia. ¡El flujo va a producirse!

Si bien es cierto que el cambio cultural sistémico nunca es fácil, sobre todo en un entorno en el que los exámenes de selección provocan reticencia a asumir riesgos, lo que la crisis actual ha puesto de relieve es el poder de los docentes para aprovechar más que nunca la innovación interconectada. En lugar de esperar a que se les conceda permiso, los docentes lideran este cambio recalibrando su verdadero norte, pasando de un modelo cerrado y jerárquico a uno abierto y con posibilidades ilimitadas. De este modo están demostrando que cualquier persona de nuestras comunidades de aprendizaje tiene capacidad para innovar. Docentes que quizás hayan pasado sus carreras en relativo aislamiento, o cuyas ideas han podido verse frustradas por minucias burocráticas, están ahora conectando con homólogos de todo el mundo para compartir y adaptar a su propio contexto ideas desarrolladas mediante la colaboración abierta distribuida (crowdsourcing). Tanto si se trata de un profesor de primer año como de un veterano experimentado, cuando colaboran, elaboran prototipos de ideas y comparten lo que han constatado que funciona a una escala tal como la que estamos viendo ahora, lideran el cambio positivo que la sociedad reclama de esta crisis.

Esto es lo que Grant también nos recuerda en “Good Ideas, Shared More Often, Drive Change” (las ideas, compartidas más a menudo, impulsan el cambio): que estamos en la cúspide de un ecosistema educativo más abierto. El liderazgo docente que ha surgido no puede detenerse, ni ahora ni cuando regresemos a nuestros centros educativos. Es el catalizador que creo que nos ayudará a superar definitivamente la inercia institucional del statu quo y a transformar nuestras escuelas en los potentes entornos centrados en el estudiante que sabemos posibles.

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Nota: Este artículo es uno de los tres extractos de ‘Teacher Leadership in the Aftermath of a Pandemic: The Now, The Dance, The Transformation’ (Liderazgo docente después de la pandemia: el ahora, la danza, la transformación), por Barnett Berry, Armand Doucet y Ben Owens. Los otros dos pueden leerse aquí: “El liderazgo docente después de una pandemia #2: Aprendiendo una lección”, por Barnett Berry y “El liderazgo docente después de una pandemia #3: Avanzando”, por Armand Doucet.


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Ben Owens

Ben Owens fue ingeniero durante 20 años y después se convirtió en profesor de matemáticas y física, ejerciendo durante 11 años en una escuela de aprendizaje basado en proyectos y dirigida por profesores, situada en la zona rural de los Apalaches. Fue coautor del libro ‘Open Up, Education!’ en 2018, tras lo cual fundó la organización sin ánimo de lucro Open Way Learning. Actualmente ayuda a las escuelas a crear las condiciones culturales para una innovación localizada y centrada en el alumno. Ben ha sido galardonado con los premios Bridging the Gap Distinguished Teacher in STEM Education de 2017 y North Carolina Center for Science, Mathematics, & Technology Outstanding 9-16 Educator en 2016. Es miembro del consejo asesor docente de la Bill & Melinda Gates Foundation y forma parte también de la Hope Street Group National Teaching Fellow. Es miembro de la National Faculty for PBLWorks, miembro de Transcend’s Yellow Hats League y embajador de la Open Organization.

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