"Educación, salud y solidaridad: memorias de la pandemia", por Matthias Savignac.

Los miembros de la Red Educación y Solidaridad (RES), que incluye mutuas de salud, empresas de economía social y solidaria (ESS), sindicatos de la educación y otras organizaciones de la sociedad civil, se han visto en el centro de la crisis sanitaria y educativa y han sido los primeros en aportar respuestas sobre el terreno. Este momento de crisis es una oportunidad para reforzar los proyectos que pueden tener un verdadero impacto y garantizar el acceso a la salud, la protección social y la educación para todas las personas. Y ahora más que nunca, para fomentar los valores de solidaridad.

Personal sanitario y docente en primera línea  

 

En pocos meses, la COVID-19 ha tenido un impacto enrome en la vida de toda la humanidad. Y la resiliencia de los sistemas sanitarios de todo el mundo ha sido lo primero en ponerse a prueba. La pandemia ha llevado al borde del colapso los ya frágiles sistemas sanitarios de algunos países, y ha provocado consecuencias dramáticas en el acceso a diversos servicios de salud, incluida la reducción de los servicios de salud materno-infantil. 

 

La crisis sanitaria se ha convertido en una crisis social y humanitaria. Por una buena razón, el derecho humano a la seguridad social todavía no es una realidad para una gran parte de la población mundial: actualmente, el 55 % de la población mundial no tiene ninguna forma de protección social. Estas personas —más de 4000 millones en todo el mundo— sin acceso a los servicios sanitarios, sin apoyo familiar ni ayudas para hacer frente al desempleo, son las que se han visto más gravemente afectadas por la pandemia. 

 

El sistema educativo se vio afectado inmediatamente. La crisis educativa provocada por la COVID-19 ha afectado a más de 1600 millones de estudiantes y 63 millones de docentes de centros educativos de primaria y secundaria, con consecuencias a veces dramáticas: precariedad para el personal educativo, problemas de salud mental, abandono escolar, aumento de la violencia, pérdida de acceso a los servicios de salud escolar o de alimentación en la escuela y un incremento del trabajo infantil. Es poco probable que millones de niños —especialmente niñas— vuelvan a la escuela cuando termine la crisis del coronavirus.  

 

La interdependencia de la salud y la educación nunca había sido tan palpable. Este vínculo entre los dos mundos es el que ha llevado a nuestras organizaciones de economía social y solidaria (ESS) y de la sociedad civil a crear una red. Estamos convencidos de que un estudiante sano aprende mejor y durante más tiempo. Gracias a la educación será capaz de tomar decisiones más saludables en el futuro. Del mismo modo, un profesorado sano física y mentalmente contribuye de forma positiva a la calidad de la educación. Por tanto, creemos que la salud y la seguridad en los establecimientos educativos son condiciones necesarias para la construcción de sistemas educativos de calidad y, a su vez, los centros educativos son espacios óptimos para fomentar la salud y el aprendizaje de la igualdad y la solidaridad.  

 

Mantener la “solidaridad relacional” para hacer frente a la pandemia  

 

El funcionamiento diario de nuestras organizaciones también se ha visto afectado por el coronavirus. La crisis ha puesto a prueba la solidez financiera de nuestras organizaciones, desde la repentina interrupción de las fuentes de ingresos debido al cese de actividades durante el confinamiento (Burkina Faso), hasta las dificultades de los miembros para pagar a las mutuas las cuotas de los planes de seguro médico (República del Congo), pasando por la reducción o el aplazamiento de la financiación de cooperación internacional. 

 

En este contexto tan complicado, nuestros miembros, verdaderos actores locales, han trabajado mucho para encontrar las mejores soluciones para el alumnado, pacientes, membresías, familias, compañeros y personas vulnerables. Todo ello para responder a la urgencia de la situación sin renunciar a nuestra cultura y a nuestro modelo de emprendimiento solidario y democrático.  

 

Desde el comienzo de la crisis, los sindicatos han acompañado a sus membresías a distancia y sobre el terreno para garantizar la continuidad educativa y defender la seguridad del personal docente, a menudo ante la falta de recursos para impartir la educación a distancia, y a veces ante mandatos contradictorios de su ministerio de supervisión. Además, los sindicatos también han participado en la organización del regreso a las aulas, tratando el estrés y la ansiedad del profesorado frente a posibles infecciones, y a menudo sin el equipo de protección personal adecuado. 

 

En los hospitales, centros de salud o centros de atención a las personas mayores, las organizaciones de la Red han contribuido a garantizar la continuidad de los servicios de salud, se han hecho cargo de la atención sanitaria, han roto el aislamiento y han dado apoyo a las personas más frágiles. Las herramientas digitales han permitido mantener el vínculo con los miembros, los pacientes y los asegurados, y también han proporcionado herramientas de prevención, información, promoción de la salud y apoyo, tal como lo demuestran los servicios de teleconsulta de Mesdocteurs (MGEN, Francia) y la plataforma #EnsembleContreLeCovid (juntos contra la COVID) de los actores del Grupo VYV (Francia). En Bélgica, las mutuas se han comprometido como operadores sobre el terreno para el seguimiento de los contactos con el objetivo de romper las cadenas de transmisión del virus, estableciendo al mismo tiempo las directrices necesarias para la protección de la vida privada. 

 

La necesidad de garantizar la continuidad educativa a distancia también ha puesto muy de relieve las desigualdades educativas. Aunque el impacto de la pandemia varía de un contexto a otro, el alumnado y el personal educativo que ya se encontraban en situación de vulnerabilidad han sido los más afectados. El alumnado con acceso a equipos informáticos o apoyo familiar pudieron continuar su aprendizaje en este contexto específico. Sin embargo, hoy en día, más de la mitad de los estudiantes de todo el mundo no tiene acceso a Internet ni al equipo adecuado para aprovechar los programas de educación a distancia, y los hogares más pobres no tienen acceso a la televisión ni la radio. En Gambia, el Gambia Teachers’ Union (GTU) distribuyó libros y más de 500 radios solares para que el alumnado de las zonas rurales pudiera acceder al programa nacional de educación a distancia impartido por radio y televisión.  

 

Tanto en la educación como en la atención sanitaria hemos observado que el contacto en persona es fundamental. Por tanto, debemos seguir buscando el equilibrio adecuado entre el potencial de la tecnología y la importancia de las relaciones, prestando atención a no caer jamás en el enfoque “totalmente digital”, que abre las puertas a la mercantilización de la educación en muchos países.  

 

La innovación, tanto social como tecnológica, ha consistido realmente en cuidar de los demás a pesar del distanciamiento social. Esta es nuestra razón de ser: el apoyo humano y la solidaridad local.  

 

Revalorizar la prevención, la salud mental y nuestros métodos de acción solidaria 

 

En el marco de la crisis, el diálogo social y la confianza en el personal de la educación y la salud son más importantes que nunca. La crisis del coronavirus ratificará el desempeño social de nuestras organizaciones. Hemos demostrado que nuestras organizaciones han sido resilientes y capaces de encontrar soluciones a retos críticos gracias a las competencias profesionales y humanas de primer orden de nuestro personal, activistas, empleados y socios, tanto hombres como mujeres. Tendremos que seguir luchando para que se reconozca y se revalorice nuestro dinamismo y nuestros conocimientos, pero también las especificidades de nuestras profesiones y nuestros modelos de emprendimiento solidarios. 

 

En nuestras organizaciones, la crisis sanitaria también habrá confirmado orientaciones y convertido ciertos puntos de acción en prioridades.  

 

El periodo habrá puesto de relieve la importancia de crear una cultura de prevención y, en particular, el papel fundamental de la educación para la salud a través de las comunidades educativas.  
En materia de prevención, las lecciones aprendidas de la crisis se han centrado en las formas de difundir los mensajes para llegar a nuestro público y fomentar nuevos comportamientos. Entre ellas se encuentran la creación conjunta de mensajes, la importancia de la relación con la experiencia personal (testimonios de parientes cercanos), la lucha contra las noticias falsas e incluso la promoción de una cultura científica.  

 

El trauma psicológico generado por la pandemia ha colocado en primer plano la cuestión de la salud mental. Los temas relacionados con el estrés en el trabajo, el exceso de trabajo y el agotamiento ya estaban en la agenda de nuestras organizaciones, que continúan desarrollando sistemas de apoyo psicológico para las personas beneficiarias.  Garantizar el bienestar del personal docente y del alumnado también es una prioridad para los sistemas educativos y los sindicatos de docentes. 

 

En Colombia, la organización Gestarsalud considera que lo que ocurre hoy es una oportunidad para acelerar los proyectos que pueden influir en los principales factores que determinan la salud, incluida la seguridad y la soberanía alimentaria y nutricional.  De esta manera podremos tener un impacto, no solo en el refuerzo de la atención sanitaria propiamente dicha, sino también en la generación de ingresos para las familias y las comunidades. 

 

Intercambio y cooperación con otros países para volver a los fundamentos de la convivencia  

 

¿Puede esta crisis ayudarnos a construir la sociedad del mañana en la que podamos convivir?   

 

Por otro lado, la crisis de COVID-19 ha puesto de manifiesto una serie de cuestiones claves: la interdependencia mundial de los Estados frente a amenazas como las pandemias y el cambio climático, los peligros de las políticas neoliberales, las desigualdades provocadas por la privatización de la educación y la salud, y la urgencia de establecer sistemas de protección social integrales, universales y de financiación colectiva.  

 

Esta catástrofe sanitaria ha sido una verdadera llamada de atención. Nos ha recordado que la salud, la educación y la solidaridad contra los riesgos de la vida son el cemento que mantiene unidas a nuestras sociedades, como también lo es, por la misma razón, el papel fundamental del personal sanitario y educativo. También ha demostrado que el modelo que fomenta la cooperación en favor del bien común es el que mejor se adapta a estas crisis sanitarias, sociales y medioambientales.  

 

Nos mantenemos vigilantes ante las numerosas incógnitas relacionadas con la evolución de la pandemia: tememos los riesgos para la salud, el alcance de la crisis económica y social; y seguimos alarmados por las perturbaciones políticas y los ataques a los progresos sociales y medioambientales.  

 

Pero, ante todo, confiamos en nuestra capacidad colectiva para hacer frente a estos retos sociales, económicos y ecológicos. Observamos con optimismo la capacidad de la juventud para movilizarse sobre cuestiones de solidaridad. Confiamos en nuestras organizaciones, verdaderas fuerzas de cambio que mantienen en su ADN la preocupación por los demás, la solidaridad y la democracia.  

 

Ahora más que nunca, seguiremos trabajando para garantizar una educación de calidad, el acceso a la atención sanitaria y la protección social para todas las personas en todo el mundo. A tal fin, hacemos un llamamiento a la cooperación sobre cuestiones de desarrollo sostenible en el sentido más amplio, al intercambio de buenas prácticas para promover la salud física y mental de las comunidades educativas, al intercambio de conocimientos para fomentar modelos de emprendimiento solidarios y a políticas públicas que den prioridad al ser humano. ¡Movilicemos nuestra inteligencia colectiva y unamos nuestras fuerzas para una segunda ola... de solidaridad!  

 

*** 

 

Nota: Creada en 2009 por la Internacional de la Educación, la MGEN (Mutua General de Educación Nacional, Francia) y la Asociación Internacional de la Mutualidad, la Red Educación y Solidaridad es una asociación internacional sin ánimo de lucro que reúne a 40 organizaciones de los sectores de la educación, la salud y la economía social y solidaria (ESS) que trabajan en los 5 continentes por el bienestar de las comunidades educativas. Los miembros de la Red colaboran en todo el mundo para promover la salud y el bienestar de las comunidades educativas en los establecimientos de educación, fomentar el acceso a la atención sanitaria mediante la ampliación de los sistemas de protección social basados en la solidaridad y movilizar a las generaciones más jóvenes en torno a cuestiones de solidaridad.  

 

Este artículo ha sido redactado con la ayuda de las contribuciones de los miembros de la Red, entre ellos MGEN, UNSA-EducationGestarsalud, Social Enterprise International, SolidarisGroupe VyvEssentiel International, Gambia Teachers Union, SNEA-B y Tepco Santé.  

 

El artículo original puede encontrarse aquí.

 

 


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Matthias Savignac

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